"A esa angustia tesonera, que te viene arrinconando, que es amarga y desespera vos, dale tango..."

“Con Piazzolla nunca nos quisimos”

Susana Rinaldi volvió al escenario con un repertorio que entrecruza clásicos y canciones menos conocidas. Habla sobre su voz, su programa en la radio y Mirtha Legrand. Recuerda a Julio Cortázar y a Astor Piazzolla.

Susana Rinaldi
Rinaldi vuelve a la radio y a cantar. Foto: Sergio Piemonte.

Dos pasiones la definen: música y teatro. Cada tango que canta lo interpreta. Durante marzo seguirá con su último espectáculo, Susana Rinaldi: la voz de Buenos Aires los sábados, en El Picadero siempre a las 22.15. Con la dirección musical de Juan Carlos Cuacci recorre varios clásicos como Desencuentro o Naranjo en flor, por citar solo dos. Y también se la podrá escuchar en un nuevo programa de radio, Los cuentos de Susy, los viernes a las 21 por la FM Folklórica de Radio Nacional.

“Siento que en estos últimos tiempos –confesará– que la voz me ayuda más que nunca. La gente reitera su venida al teatro, porque está tan sorprendida como yo. A mitad del año pasado estuve enferma y no tenía ganas de subirme al escenario. Pasé mucho tiempo sin cantar una nota y me redescubrí canturreando hará tres o cuatro meses. Ahora tengo seguridad”.

—¿La primera pasión fue la música antes que el teatro?
—Sí, la música de cámara, que me transporta a otros mundos y atmósferas, por eso estudié en el Conservatorio. Fue mi primera tendencia, nadie esperaba eso de mí. El único que supo apreciarlo fue mi padre, pero murió muy joven. Yo tenía 16 años cuando lo perdí. Teníamos piano y fue mi madrina quien me acercó a la música.

—¿En qué momento aparece la actuación?
—Tenía 18 años cuando decidí sumar mis estudios en arte dramático. Tuve como compañeros a María Cristina Laurenz y a Héctor Gióvine. Me recibí en los dos Conservatorios, tanto en el de Música como en el de Artes Dramáticas. En esos tiempos los profesores nos llevaban al primer canal de la televisión argentina, había una gran comunidad.

—En tu espectáculo señalás que estuviste prohibida en el Teatro San Martín: ¿por qué?
—Durante mucho tiempo salía de mi casa e iba al Teatro San Martín como actriz, integrando alguno de los elencos. Me gustaba tanto ese teatro que llegaba temprano antes de la función para bañarme en el camarín. Allí –por ejemplo–, protagonicé Antígona Vélez de Marechal con la dirección de Santángelo (1973). Seguramente dije algo inconveniente y en 1978 se me cerraron las puertas. Mucho tiempo después me enteré que estaba en una lista negra.

—¿Qué decidió tu retorno?
—Se lo debo a Mirtha Legrand. Su marido, Daniel Tinayre, iba mucho a Francia y un día me lo encontré en el Théâtre de la Ville. A él le encantaba lo que hacía y se ve que se lo contaba a Mirtha. Fueron ellos los que me hicieron volver a trabajar aquí. Armó un programa especial de Almorzando con… donde compartí la mesa con mi amigo Sergio Renán y Susana Giménez, quien iba por primera vez.

—¿Y tu amistad con Julio Cortázar?
—¡Le debo tanto a ese hombre! Fue único e inesperado. Un día, Pepe Fernández (N. de la R: colaborador de la revista Sur, amigo de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo) me invitó a su casa y ahí Julio Cortázar me pidió que le firmara cuatro discos míos. Desde ese momento, todos los días nos tomábamos un chocolate y charlábamos horas y horas.

—¿Siempre seguimos con listas negras o grietas?
—Es lo más fácil, eso lo hacen los que se creen que pueden decidir sobre los demás. Es muy difícil sacar la ignorancia. Espero que no se repita la historia. Los medios de comunicación están enfermos. Se dejan llevar por la costumbre de repetir lo que no deben y quieren quedar bien con el patrón que le toque en el momento. Por suerte tenemos escritores y filósofos que son de primera, pero no es suficiente para un país. Hay que acostumbrar a la gente a que piense y a no perseguir a nadie.
—Desde este mes estarás en Radio Nacional (FM Folklórica 98.7)…
—Sí, los viernes a las 21 iremos en vivo con Los cuentos de Susy. Buscaré que el tango cobre nobleza. Contaré la historia de cada tema y me propongo dar a conocer a los nuevos. Tenemos autores y compositores, tanto hombres como mujeres notables, que la gente desconoce y que no se los escucha en ningún lado. Admiré mucho como intérprete a Mercedes Simone, fue una mujer que nunca se vistió de varón para cantar y defender al tango. Ella lo veía como innecesario y tenía una voz aterciopelada.

—¿Y Piazzolla?
—Con Piazzolla nunca nos quisimos. El detestaba a las mujeres que cantaban el tango. Pero un día en Francia dijo que yo era una gran cantante. Tengo una foto con él riéndonos. ¡Qué cosa los argentinos! ¡Aquí no nos mirábamos y afuera sabiendo que representábamos a la Argentina cambió todo! Era un genio, un creador.

Junto con el poeta Horacio Ferrer vinieron a verme al teatro en París. No lo olvidaré. Tenemos que reconocer a tiempo lo que hace el otro. Volver a Tita Merello Rinaldi volvió al escenario de la mano del mismo director musical de estos últimos años, su cuñado. “Juan Carlos Cuacci es el único músico que se pone a mi servicio, hace arreglos para mí –asegura–.

Nunca sentí las ganas de cantar que tengo ahora. Antes era un sacrificio y me cuestionaba por qué había dejado el teatro. Hoy tengo mejor voz a pesar de mi edad. Curiosamente, según mi médico, no coincide con mis años y no la tengo cascada”.

Además de Juan Carlos Cuacci, quien también toca la guitarra, están con ella: Mariano Cigna, en el bandoneón, Aníbal Gluzmann, en el piano, Roberto Segret en el violoncelo y, una mujer en la orquesta, Marisa Hurtado, en el contrabajo.

Se la nota feliz y muy entusiasmada por su participación en la radio: “El título del programa –Los cuentos de Susy– es un homenaje a mi madrina, la única que me decía así. Voy a hablar de muchos creadores que además de admirarlos tuve la suerte de conocer, como por ejemplo Cátulo Castillo o Pedro Laurenz”.

Cuando se le pregunta por Tita Merello no lo duda: “No se la puede juzgar, lo que hizo es irrepetible. Nadie puede hacer lo que Tita hacía”. Finaliza diciendo: “Me preocupaba y me sigue preocupando porqué la Argentina vota como vota y casi siempre se equivoca. Ahora por suerte estamos entrando en una veta maravillosa, pero siempre acecha la maldad. Tenemos una insólita forma de ser argentinos. Tuvimos grandes pensadores, pero parece que no nos pegamos a ellos”.

Fuente: Ana Seoane – https://www.perfil.com/ – 14 de marzo de 2020

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