"A esa angustia tesonera, que te viene arrinconando, que es amarga y desespera vos, dale tango..."

El Café con historias de tango y potrero

En su glorieta cantaron figuras como Roberto Goyeneche y Alberto Castillo. Llegó a estar abierto 24 horas y tuvo billar. Sus parroquianos llegaron a armar un equipo de fútbol y construyeron su cancha enfrente.

Café con historias

El bar Olimpo fundado en 1950 en Monte Castro conserva el estilo de antaño en un barrio donde la tranquilidad aún está presente.

Los pisos algo gastados en un rincón del bar Olimpo muestran las huellas que dejaron los cientos de parroquianos que al jugar, por años dieron vueltas alrededor de la mesa de billar.

En un estante aparece un viejo televisor, «el primero que tuvo el barrio» cuenta Horacio Camilloni, uno de los actuales propietarios de este bar notable, quien señala que en aquel tiempo grandes y chicos se sumaban a los habitués poniendo «la ñata contra el vidrio» desde afuera del café para ver las primeras transmisiones.

Adornos antiguos de todo tipo en las paredes -desde viejas banderitas de taxi, cámaras fotográficas a monederos de colectivo y antiguos carteles de calles- resaltan en este lugar donde queda al resguardo un tiempo de Buenos Aires que parece haberse ido.
Fundado en 1950, el Olimpo, que fue designado bar notable de la Ciudad se ubica en Irigoyen 1491 en esquina con Arregui, en Monte Castro. Acá no hay apuros ni gente corriendo. El bar se mimetiza con una zona del oeste porteño, donde la vida de barrio aún se hace presente.

«Este bar lo fundó la familia Solá en el 50 que al poco tiempo contrató a mi suegro como empleado», expresa a La Prensa Camilloni. «El vivía acá a la vuelta y se emplea. Al poco tiempo, en el 56 le ofrecen comprar una parte ya que los dueños se enferman y deciden volverse a España, donde habían nacido».
Pablo Sánchez -así se llamaba el suegro de Horacio- arrancó una nueva sociedad con su cuñado que duraría hasta 2002. «Siempre fue un bar familiar. Estuvieron casi 60 años juntos trabajando acá».

– ¿Cómo era ese bar de los comienzos?
– Cuando toman el bar mi suegro y su cuñado hicieron una glorieta en la terraza. El socio era bandoneonista, Zárate de apellido, y siempre tocaba en los locales, los cabarets de esos años. Entonces rescataba a algunos cantores y se armaba toda la movida del tango en la glorieta del Olimpo los fines de semana. Se armaba baile también. Incluso hubo un tiempo que el bar estuvo abierto las 24 horas. En los comienzos no había tantos bares, acá en el barrio era un referente el Olimpo. Era una época donde no podían entrar menores, para mujeres era muy restringido. Capaz se veía mal que una mujer estuviera en el bar. Había algunos parroquianos bravos.

GRANDES CANTORES
– El tango estuvo muy vinculado al bar
– Sí, siempre fue así en El Olimpo. Acá cantó Roberto Goyeneche, Alberto Castillo, Adolfo García Grau. Enfrente era todo terrenos, pasaba un tren carguero que iba de Villa Luro a Santos Lugares. Tenía parada en Villa Real, que era todo corralones de materiales. También estaba la corporación de la línea 2, los talleres, que andaba con trolebús por avenida Rivadavia.

– Y también del bar nace un equipo de fútbol
– Claro, la misma gente, clientes del bar hicieron el equipo de fútbol Olimpo en los 50 y su canchita acá enfrente. Estaban los clubes Diablos Rojos, Libertad, Villa Real, Villa Luro. Era todo potrero, una cancha al lado de la otra. Iban caminando a jugar unos contra otros.

– Podemos decir que el Bar Olimpo fue un centro de costumbres porteñas
– Y sí, de todo lo que se perdió. Hoy ya no tenés potrero, era todo gratuito, ahora tenés que pagar. Antes había pocas líneas de colectivos, los chicos jugaban en la calle. Y eso que todavía acá, a pesar de los cambios, tenemos barrio.

– También tuvieron billar
– Sí, estuvo hasta el 2012. El billar lo inauguró en los 50 el maestro Navarra, la mesa era Barrientos. La casa tenía un convenio de que cada vez que se abría una mesa tenía que ir a inaugurarla Navarra. Era una mesa profesional, calefaccionada en las bandas para que no se deforme con la humedad.

– ¿Hubo habitués famosos?
– Del ambiente del fútbol venían varios. Carlitos Bianchi, Falcioni, el padre tenía un negocio acá en la esquina.

ESPERANDO LA CARROZA
Se suma a la charla Gustavo De Giorgi, actual socio de Horacio en el bar del oeste porteño. Gustavo, quien está hace unos cuatro años a cargo de la cocina del Olimpo agrega que cuando se filmaba cerquita la película Esperando la Carroza, el elenco del emblemático film, entre los que se destacaba Antonio Gasalla y China Zorrilla solía venir a tomar algo en sus mesas.

Cuenta Gustavo que llegar al bar Olimpo a trabajar fue cumplir un sueño. «Yo me dedicaba a otra cosa, tenía una empresa de instalaciones eléctricas y estaba cansado, y dije bueno cuando llegue a los 50 largo y me dedico a otra cosa. Y siempre me gustó cocinar. Primero tuvimos una parrilla en Las Heras con mi mujer, mi hermana y mi cuñado. Y este último fue quien conocía a Horacio, y entramos al bar para hacer nuestro aporte. Sacamos el billar y armamos una cocina»

– ¿Ofrecen comida tradicional?
Gustavo:- Sí, armamos una parrillita y ofrecemos también minutería. Hacemos platos de ollas buenos, puchero en invierno y tenemos un menú diario para la gente de trabajo al mediodía. Los fines de semana abrimos a la noche cuando tenemos algún evento de tango o shows. Una vez por mes se arma alguna movida.
Horacio:- antes en los bares se vendían sandwiches nada más. Ahora se fusiona todo porque ayuda a sumar

– ¿Y de los objetos que se ven en las paredes, en estantes, que me pueden decir?
Horacio:- además de la primera tele del barrio, está la antigua cafetera que se usó a gas, anteriormente había otra a kerosene. Hay cosas de familia y de gente que trae de los padres, los abuelos que para no perderlo prefiere dejarlo acá, exponerlo.

LA BUENA ATENCION
– ¿Qué es lo lindo de estar al frente de un bar?
Horacio:- Uno lo empieza a querer, te atrapa. Yo no entendía mucho del tema cuando lo tomé. Pero estaban por vender todo así que lo charlé con la familia y me hice cargo, era taxista y tenía conocimiento de parar en cualquier lado, tomar un café, charlar con un amigo. Y hoy al atender lo hago recordando la buena atención de los lugares a los que fui. Creo que lo heredé de mi viejo, el tenía un kiosco, le gustaba atender a la gente. Hay gente que necesita que la escuches, le ponés la oreja. En el taxi pasaba lo mismo, muchos se subían y contaban sus problemas. Y capaz si quieren le das tu opinión, sos una suerte de psicólogo.
Gustavo:- yo quería estar también con la gente, cocinar, es una satisfacción grande todos los días venir acá.

Fuente: Sergio Limiroski – Diario a Prensa – 6 de noviembre de 2019

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