“El tango es un mundo creado entre dos”

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Jesús Albornoz, maestro milonguero.

Jesús Albornoz

Bailarín, actor, con 22 años dando clases, el milonguero da cátedra sobre el abrazo, la cadencia, el guiar y el ser guiado en la pista. Y sigue sorprendiéndose con ese misterio: lo que ocurre cuando dos personas se encuentran bailando.

Por Sergio Kisielewsky

De chico, Jesús Albornoz miraba cómo bailaban la tarantela y el paso doble en los clubes y sociedades de fomento. Con una de sus hermanas bailó diferentes ritmos, hasta que llegó la danza que lo atrapó para siempre: la del dos por cuatro. Nacido en Entre Ríos, descubrió las milongas cuando a Buenos Aires, y allí se quedó. Orgulloso acreedor del título de «maestro de tango», hace 22 años que da clases, y dice que piensa seguir haciéndolo por muchos más.

-¿Por qué la gente quiere bailar tango?

-Porque es contención. En el abrazo se contienen uno al otro, es algo que no tiene otra danza. En el tango se está muy cerca y creo que eso es lo que lo hizo furor en Europa y el mundo: que lo bailen tan abrazados, y con tantas figuras como las que suelen hacer el bailarín y la bailarina. Es un momento que comparten sólo dos, por más que haya gente que lo baile alrededor. Es un mundo creado entre dos personas. Para esto tiene que haber una técnica primero, y una teoría, para desarrollar después en la práctica.

-Siempre se señala la importancia del abrazo, ¿por qué?

-Es un pensamiento del hombre, que pasa por su cuerpo y que trasmite a la mujer, que ejecuta. La mujer en el tango no es para nada una sometida, es una ejecutante del pensamiento del hombre. El hombre guía, pero no es por una idea machista, si bien es cierto que es un juego que creó el hombre, y es él el que pone las reglas.

-Y es algo muy serio jugar…

-Claro, por eso a mí no me gusta ver que cuando bailan el tango, hablen entre ellos. ¡Se habla con el cuerpo! Y es muy difícil que el milonguero en un tango vaya a aprovecharse de la mujer, la respeta.

-¿También es importante el famoso «vaivén» en los primeros ocho pasos?

-El vaivén es una cadencia, pero cuidado. Hoy hablé con un muchacho que nunca bailó nada de nada y se le hacía dificultoso, le dije que según cómo apoyara el pie, va a haber cadencia. El pisar tiene dos posturas, primera y segunda en el mismo pie. La cadencia suele presentarse cuando uno apoya la yema de los dedos, va a la almohadilla del metatarso y baja sin darse cuenta hasta el talón. El talón es lo último que baja en el pie del hombre.

-¿Se asemeja a la danza clásica?

-La danza clásica se baila más de metatarso. Les digo a las mujeres que bailar con el metatarso pone rígido al cuerpo, y de ese modo el hombre lo recibe como un peso. Tiene que ser flexible, pero sin exteriorizar demasiado en la cadera de la mujer. Yo respeto mucho el tiempo de la mujer al bailar, la espera. Porque si al hombre le sugiero un ocho hacia adelante o hacia atrás, lo que tiene que hacer es esperar. No puede interrumpirla hasta que ella no finalice lo que él “mandó” a hacer.

-¿Hay alguna posibilidad de que la mujer guíe al hombre en el baile?

-Puede guiar con su cuerpo. Hay hombres que se van al medio y yo lo llamo «el Triángulo de las Bermudas»: de ahí no se sale más. Por eso es bueno bailar en sentido contrario a las agujas del reloj, pero hay una postura que es bailar en 45 grados para poder redondear la pista, hacerla redonda. Así el cuerpo de la persona va «redondeando» la pista. Es impresionante lo que ocurre cuando dos personas se encuentran. Y es muy difícil volver a formar una pareja de tango cuando uno fue dejado por la pareja anterior, con la que tanto se entendía.

-¿Porque uno se acostumbra a las formas de bailar del otro?

-El tango es energético, la energía se brinda y los dos se entienden. Es como una radio portátil con dos pilas, con una no funciona. Ese es el contacto, el tacto que hay que tener para que haya expresión y armonía. La mujer tiene una gran memoria en su cuerpo y está “ubicada” en su lado izquierdo, entre el pulmón y el riñón. Si el hombre sabe tocar ese espacio, ese lugar la mujer, lo entiende a la perfección. No sé a qué se debe, pero es así. Otros dicen que se produce al bailar entre dos personas, siempre y cuando se esperen. El secreto es no apurarse y percibir el movimiento, la salida que está a punto e realizar el otro. Hay que estar muy expectante, sentir y sentirse. Y el varón tiene que saber qué quiere. Es como una película que van proyectando entre dos.

-¿Hay una cantidad ideal de tiempo para bailar un tango?

-El tango tiene tres minutos, algunos, dos minutos y medio. Es lo que dura el enamoramiento, ese abrazo entre dos personas, que se siente. A veces se siente el latido del corazón de la mujer en el pecho de uno. Escuche, esta es una orquesta que marca todas esas pausas (hace escuchar el tango «La mariposa», de Celedonio Flores, por la orquesta de Osvaldo Pugliese). Tuve la suerte de bailar con muchas orquestas, cuando me inicié iba a ver a las orquestas donde el cantor entonaba sólo el estribillo. No se cantaba todo el tango, porque era una milonga.

– A veces el hombre se siente un poco torpe y pisa a la mujer, de golpe entorpece el baile. ¿La falta de técnica rompe el vínculo?

-Cuando uno baila con la mujer, la realidad es que deja de ser protagonista para pasar a ser partenaire. Hay una guía de brazos que antecede el movimiento de las piernas. Si la respeta, nunca va a pisar a la otra persona.

-¿Y cuando es al revés, y es la mujer la que no tiene técnica?

-La manera de relacionarse con una chica que no sabe bailar es con los brazos. El pensamiento transcurre por el brazo derecho, por ahí se expande, y por ahí se comunica lo que uno quiere que haga la otra persona. Esto no es algo mecánico, es todo muy misterioso. Hoy trabajé con alguien que nunca había bailado. Le vendé los ojos y el caminar de él era con el talón, eso no se debe hacer. La idea es apoyar con todo el pie y la mitad del pie, pero siempre hacia adelante. Allí está la cadencia, si yo piso entero el pie, no hay cadencia. El tango es postura y equilibrio. A mí lo que me apasiona en una milonga es mirar los pies y las piernas de las personas, la comunicación que sienten entre paso y paso cuando los dos saben esperarse, respetar los tiempos del otro.Tiene un principio, un desarrollo y un fin, en eso se parece a nuestra vida.

-¿Es verdad que el tango comenzó a bailarse entre personas del mismo sexo?

-Sí, porque la mujer no bailaba allá por el 1900. Lo vimos en muchas películas, no estaba bien visto que la mujer bailara tango, era procaz. Hay fotos de los hombres que trabajaban en el puerto y ahí bailaban el tango. Se tocaba el hombro derecho de uno con el de otro, para no tocar sus partes íntimas. Pasaron muchos años hasta que la mujer comenzó a bailar el tango.

-El tango se asoció a una danza de orígenes prostibularios. ¿Fue así?

-Dicen que tuvo un primer origen entre los esclavos que manejaban los carros. Mientras esperaban a sus amos, tocaban el bongó las dos o tres horas que duraba la cita de su patrón. Así comienza a bailarse, pero mucho antes comienza a ejecutarse la música tanguera, la canción.

-¿Hay un momento exacto en que surgió el baile?

-Fue junto con la música y la canción. Porque había otras músicas, la habanera, por ejemplo.

-De acuerdo a su experiencia, ¿cambió la forma de bailar el tango, influye el lugar o el ámbito donde se baila?

-Cambió la forma de bailar. Comenzó bailándose un tango orillero, canyengue, porque se bailaba más de costado. Y, como decíamos, se inició hombre con hombre, así lo practicaban o jugaban en los mataderos, en las horas libres en los lugares de trabajo, era un esparcimiento. Cambiaron además los bailarines, ¡ya no hay compadritos! (risas). Cuentan que había lugares en la calle Libertad donde vendían ropa, zapatos, y a veces el número era más chico. Y ahí dicen que surgió la figura del compadrito, por su manera de caminar.

– Las milongas son muy heterogéneas en su composición, en su público, ninguna es igual a otra. Las hay para turistas, las hay populares… ¿Cómo ve esa diversidad?

-Muchos bailarines se comercializaron por que sueñan con «la pinta de Carlos Gardel» (risas). Hay señoras que contratan sus servicios para bailar,los llevan a Europa para bailar únicamente con ellas. Eso es algo que a mí no me gusta, ser contratado para bailar con una sola persona, no me cierra. Tengo alumnas que contratan, pero les permiten bailar con otros, con otras. Son decisiones de cada uno y está bien que cada uno viva como le parece.

-Hay letras de tango muy populares y a la vez con un alto contenido poético. ¿Eso influye en una milonga en la manera de bailar?

-Un instrumental se baila de una manera, un tango cantado, de otra. Si es cantado debe seguirse al cantor, el bailarín hace una espera y sigue el relato del tango. Eso sí: No hay nada más lindo que bailar con una orquesta en vivo. Y escucharla. Antes el primer tango no se bailaba, se escuchaba.

-¿Cuáles fueron las épocas en las que hubo menos difusión del tango?

-Yo bailé hasta 1964, porque al año siguiente comencé a trabajar como actor en el Teatro del Pueblo, y retomé el baile en los años 80. Muchos culpan al Club del Clan, no creo que haya sido así. Los milongueros le dimos cabida al mundo del rock desde el año 1956, cuando se abrió la importación en la Argentina y entró todo, convivíamos entre ejecutantes de diversos géneros musicales. Más allá de eso, creo que por motivos políticos ciertos gobiernos no propiciaron que se aglutine mucha gente en un lugar.

-¿Qué es lo que más disfruta de enseñar a bailar tango?

– Pasó mucha gente en estos 22 años dando clases. Me gusta enseñar el tango a quienes están empezando, los que ya tienen cierta experiencia suelen tener «vicios» que son muy difíciles de sacar. A veces se dice: no, es un pata dura, no va a prender nunca… No es así. Hay que trabajar con las dificultades que se van presentando. Es como en la vida, si uno viviera la vida como un aprendizaje, otra sería la historia.

– ¿Alguna vez quiso bailar otro tipo de danza, la clásica, por ejemplo?

-Si volviera a nacer haría danza contemporánea, pero el tango no lo dejaría. Es indescriptible, tiene algo de misterioso, lo que sucede en ese momento en que dos personas se encuentran, y ya en el abrazo perciben cómo va a ser el baile. Entrar al tango es asomarse a un mundo.

Por qué Jesús Albornoz

El tango, hasta con muletas

Su padre trabajaba en el campo a pocos kilómetros de Nogoyá, Entre Ríos, y el dueño le pagaba con vales que debía cambiar en sus propios almacenes. Por eso Jesús, uno entre nueve hermanos, de pequeño veía en su casa grandes bolsas de azúcar, o de harina, pero el dinero escaseaba. Un poco más tarde su familia se instaló en la zona de Tigre y luego en el barrio de Palermo. De chico, descubrió su pasión en una Unidad Básica ubicada en Juan B. Justo y Gorriti, adonde iba a tomar clases de apoyo escolar. Allí también daban clases de teatro, y el pequeño Jesús las supo aprovechar.

Siendo todavía chico, trabajó en la película Guacho, de Lucas Demare, con Tita Merello y Carlos Cores. Fue locutor y actor en el antiguo Teatro del Pueblo. Se inició bailando en milongas y clubes en los años 50. En la actualidad da clases para todo público y de manera gratuita en la Biblioteca del Congreso, por donde pasaron cientos de alumnos. También en la Asociación Argentina de Actores y en la Asociación del Personal Legislativo.

En 2012 tuvo un accidente doméstico, una fractura expuesta de tibia y peroné, que le costó diez operaciones y dos años sin caminar. Eso no le impidió dar clases con muletas, aunque tuvo que cancelar una gira por Alemania. Compartió durante más de dos décadas la pareja de tango y las clases con la bailarina Graciela Núñez. Participó en películas junto a Nancy Allen -ex esposa de Brian de Palma-; en Evita, de Alan Parker, tuvo una escena con Antonio Banderas.

Fuente: Diario Página/12 – 15 de julio de 2019