Se cumplen 60 años de la muerte de “El Señor del Tango”

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El pianista bahiense Carlos Di Sarli conjugaba talento, personalidad, ritmo, armonía y caballerosidad.

Carlos Di Sarli

Se fue a los 57 años un 12 de enero de 1960 en Olivos (provincia de Buenos Aires). Si se conjuga tango con talento, personalidad, ritmo, armonía y caballerosidad hay un nombre que puede vislumbrarse con gran claridad, y si a estas características agregamos “Bahía Blanca” sin duda es Carlos Di Sarli el único que puede corresponderse con tan acertadas y halagadoras características.

Cayetano Di Sarli nació un 7 de enero de 1903 en la bella ciudad de los vientos, Bahía Blanca, su padre fue Miguel, oriundo del sur de Italia, y su madre Serafina Russomano.

La familia tenía una armería en la calle San Martín 44 y vivían en una casa de la calle Buenos Aires 511 (hoy Yrigoyen). El pequeño Cayetano cursó sus estudios iniciales en el colegio Don Bosco y piano en el conservatorio Williams. En 1915 ya tocaba el piano en lo cines acompañando películas mudas y en una confitería de la ciudad de Santa Rosa, provincia de La Pampa, ambas propiedad de Mario Manara, connacional y amigo de su padre, lo que hizo durante unos dos años.

En 1919 regresó a Bahía Blanca y formó su primera orquesta con la que actuó en Bahía Blanca en el Café Express, ubicado en la esquina de Zelarrayán y Buenos Aires y en el Café Moka, de O´Higgins 50. También hicieron giras por La Pampa, Córdoba, Mendoza, San Juan y Salta. Finalmente, en 1923 se trasladó con su hermano Roque a vivir a Buenos Aires, en esta ciudad cambió su nombre en el registro Civil y pasó a ser Carlos. Antes de constituir su primera agrupación trabajó con el violinista Juan Pedro Castillo, con el trío de Alejandro Scarpino y tuvo un paso fugaz por la orquesta de su admirado Osvaldo Fresedo. Juan «Pacho» Maglio y José María Rizzutti grabaron su primera composición “Meditación” (que escribió en 1919).

Muy amigo de Enrique Santos Discépolo, lo ayudó a componer la música de algunas de sus letras. “Soy un arlequín” lo estrenó Tania en el Folies Bergere y el invitado de gala fue Di Sarli en homenaje y agradecimiento por el asesoramiento brindado a su amigo. Entre 1927 y 1928 constituyó su primer sexteto. Los cantores Santiago Devin, Ernesto Famá y Fernando Díaz acompañaron a esta formación en grabaciones y actuaciones radiales.

Entre el 26 de noviembre de 1928 y el 14 de agosto de 1931 registró 48 temas, que incluyeron los tangos “T.B.C.” de Edgardo Donato, “Maldita” de Antonio Rodio y Celedonio Flores, “La guitarrita” y “Una noche de garufa”, ambos de Eduardo Arolas. En 1932 se incorporó el cantor Antonio Rodríguez Lesende, el célebre Gallego. En 1934 Di Sarli se radicó en Rosario, provincia de Santa Fe, donde integró un pequeño conjunto con el conocido bandoneonista Juan Cambareri, el violinista Alberto Saikievich y el cantor Roberto Pieri.

A fines de 1938 Di Sarli comenzó a gestar su gran orquesta que el 1 de enero de 1939 debutó en Radio El Mundo. La integraban los violinistas Roberto Guisado, Ángel Goicoechea y Adolfo Pérez; los bandoneonistas Roberto Gianitelli, Domingo Sánchez y Alberto Mititieri, el contrabajista Domingo Capurro y el cantor Ignacio Murillo, luego reemplazado por Roberto Rufino que en ese momento tenía 16 años. Con esta formación, el 11 de diciembre de 1939 grabó para Víctor los tangos “Corazón” (de su autoría, con letra de Héctor Marcó) cantado por Roberto Rufino, y “Retirao”, de Carlos Posadas.

Los cantores de la orquesta fueron el ya mencionado Roberto Rufino, Antonio Rodríguez Lesende, Agustín Volpe, Carlos Acuña, Alberto Podestá, Osvaldo Cabrera, Jorge Durán, Raúl Rosales, Osvaldo Cordó, Oscar Serpa, Mario Pomar, Argentino Ledesma, Rodolfo Galé, Roberto Florio y Horacio Casares.

De su obra se destacan sin duda, “Milonguero viejo” (dedicado a Fresedo), “Bahía Blanca”, “Nido gaucho”, “Porteño y bailarín”, “Verdemar”, “De qué podemos hablar” y “Otra vez carnaval”, auténticas joyas del género.

Di Sarli fue amigo del gran Juan Carlos Cobián, con quien compartía recíproca admiración. Tuve la oportunidad de tratar y trabajar con muchísima gente que conoció y trabajó con el maestro, como Roberto Rufino, Alberto Podestá, Argentino Ledesma, Horacio Casares, Leopoldo Federico, Federico Scorticati, José Libertella, Julián Plaza, Roberto Chocho Florio, Carlos Acuña, Tania, Enrique Cadícamo y todos, además de destacar sus cualidades como músico, resaltaban la calidad humana, de gente de bien del maestro; un verdadero hombre de honor.

En una ocasión, Antonio Carrizo me relató en el restaurante “La Cátedra”, que era propiedad de su hijo -Cerviño 4699, Palermo- que cuando tenía apenas 22 años, presentó a la orquesta de Carlos Di Sarli en LR1 Radio El Mundo desde el estudio “A” del edificio de Maipú 555 (hoy Radio Nacional) con capacidad para quinientas personas. Al terminar el espectáculo, cuando Carrizo se retiraba, el portero -apodado el “gallego” Giménez- lo llamóa y le dio un sobre con 200 pesos que le había dejado el maestro DiSarli (era un buen dinero en esa época) y una nota que decía “Para que le compre algo a su nena”.

Aníbal Troilo sentía gran admiración y afecto por Carlos Di Sarli, es más, describía el sonido de la orquesta de Di Sarli y “esas cosas distintas que hacía con sus manos mágicas en el piano” como: “Una especie de campanitas melodiosas que te iluminan. Te dan ganas de bailar”, e iba con Zita al Marabú para caminar la pista.

El maestro Alberto Podestá en muchas oportunidades me dijo: “Por algo a Di Sarli lo llamaban El señor del tango, era un caballero, un gran maestro en todo sentido. Me enseñó muchísimo. Era muy severo, me insistía por ejemplo que no gritara, que fuera cuidadoso con el tratamiento de mi voz. Me decía: Cantá con el interés. El maestro me puso mi nombre artístico, Alberto Podestá, reemplazando al que utilizaba hasta ese entonces, Juan Carlos Morel. La gente lo amaba. En los carnavales llenaba que daba calambre”.

La última actuación de Carlos Di Sarli fue el domingo 9 de marzo de 1959 en el Club Podestá de Lanús.

Fuente: José Valle (*) – https://www.lanueva.com/ – 12 de enero de 2020
* El autor es historiador de tango, escritor y productor cultural